Me siento muy
feliz, bendecida y agradecida por tener
unos hijos maravillosos que me hacen recordar lo increíble que es ser niño;
lo fácil que es divertirse y lo difícil que es preocuparse, la naturalidad con
la que dicen lo que sienten, la honestidad de sus palabras y lo profundo de sus
sentimientos.
Para ellos es muy fácil arreglar el mundo sólo con la
cantidad de sonrisas que regalan por minuto. No cambiaría por nada el verlos
horas enteras apapachando o luchando con el perro, o explorando las innumerables
posibilidades de una caja de cartón, la contemplación de un insecto, la emoción
cuando invitan un amigo a pasar la tarde en casa, lo horroroso que es hacer la
tarea, lo complicado que resulta hacerlos probar algo nuevo y la eterna discusión
para ir a la cama.
Perdonan todo
y no guardan rencor… pero no olvidan.
Además de
hacerme recordar mi infancia, ellos me enseñan, me hacen observar cosas que en ocasiones
no logro ver y que para ellos son evidentes, y sus logros, ¡me dan una felicidad
indescriptible!
Acordarme de
todo esto, le da sentido a que haya un día del niño y el que celebremos la
dicha de tenerlos a nuestro alrededor, hermosos niños a los que tenemos que guiar
con amor y respeto, inculcándoles valores, ofreciéndoles educación, cuidando de
su salud; pero sobre todo alimentándoles de la mejor forma que nos sea posible,
de manera responsable e informada, es uno de nuestros principales compromisos
con ellos.
Felicidades a
todas las que tienen la dicha de tener niños cerca y ¡felicidades a todos
nuestros niños!

0 comentarios:
Publicar un comentario